Hace 20 Años: Fin de la Pesadilla Comunista


Por Javier Ruiz Portella

¡Quién lo hubiera imaginado! Se cayó sin que nadie moviera un solo alfiler. No el Muro de Berlín, sino lo que encarnaba: el más sanguinario sistema de opresión nunca conocido en toda la historia (cien millones de muertos sólo en la URSS; y sin contar los millones de muertos de China, y los millones de Camboya, y los de Vietnam, y los de Corea, y los de Cuba…)

Y los de España si hubieran ganado… Aunque a veces, viendo el estado de delicuescencia al que ha acabado llegando nuestro país, uno se dice —permitidme una boutade siniestra— que más hubiera valido que ganaran… Habría habido, es cierto, unos cuantos millones de españoles menos; el país habría sido arrasado a sangre y fuego (a su lado, la represión de aquel viejo general habría sido un juego de niños), pero, a fin de cuentas, el comunismo se habría acabado igual, y al menos sabrían los españoles —como lo sé yo, por ejemplo, por haber estado por aquellos andurriales— a qué atenerse…

Lo sabían muy bien los alemanes que en tal día como hoy derribaban llorando el Muro que los otros tuvieron que levantar para que no se largara hasta el apuntador. Y lo sabían los húngaros, y los checos, y los rumanos, y los polacos, y los serbios…: todos los pueblos de la Europa que las democracias estadounidense y británica habían entregado a su aliado comunista.
Nunca en la historia un sistema de tal envergadura —tampoco había existido nunca nada parecido, es cierto— ha perecido de este modo: sin que ningún enemigo externo lo derrote, sin que lo venza ninguna rebelión interna. Simplemente implosionó. Hizo ¡puf!… y se cayó. El gigante tenía los pies de barro, y el barro era demasiado blando.

¿Perdón?… Ah, ¿que los horrores del comunismo y su derrota final no justifican para nada las miserias de diverso tipo que engendra el capitalismo? ¿Que la miseria y todos los muertos que el comunismo originó no justifican para nada algo —la muerte del espíritu— que aquí conocemos de sobra? Por supuesto. Pero sólo los maniqueos piensan que por combatir a una de las partes que estuvieron enemistadas… durante un cierto tiempo, se está echando uno en brazos de la otra.

Hoy es el comunismo cuyo fin celebramos. ¡Tan fuerte, tan inquebrantable como parecía! Y de repente… ¡Menuda sorpresa nos dio! Que los otros —sus antiguos enemigos— se lo digan temblando. Y que nosotros, amigos, tengamos en cuenta que así de imprevisible, a veces, es la Historia.

Derechos Humanos Frente a Deberes Humanos


Por Eduardo Arroyo


www.elsemanaldigital


En una época tan supuestamente racional y equilibrada como la nuestra, en la que la ciencia hace las funciones de la nueva religión, existen multitud de palabras "tótem" que son adoradas sin discusión y que presentan la capacidad de bloquear esa capacidad de análisis de la que nuestra época tanto blasona. Así, cualquier organización deberá tener un carácter "democrático", sin que a nadie se le pase por la cabeza qué es exactamente eso. ¿Significa que las decisiones se toman por votación o bien significa que se presume -como en las "democracias populares" donde veraneaban nuestros socialistas de hoy- que una determinada oligarquía representa al "pueblo" y toma las decisiones unilateralmente? En el caso de que se vote hasta la decisión más primaria, ¿la elección se realiza a por mayoría simple o cualificada? ¿a una o dos vueltas? ¿valen los mismo todos los votos? ¿todos los votantes están igualmente motivados por el célebre "interés general"?


Las preguntas se agolpan pero el hecho es que bajo la cobertura de la "democracia", nuestro gobierno está llevando a cabo una labor de ingeniería social de las que hacen época, en plena coherencia con la más rancia tradición de la izquierda planetaria. Su inspirador, el proyecto "emancipatorio" que saliera de la Ilustración, no es otra cosa que el intento de adaptar la realidad a los devaneos de ideólogos que destilaban su bilis de unos trescientos años a esta parte. Si la realidad no se aviene a "razones", las cosas serán doblegadas si es preciso con la fuerza coercitiva del Estado. Existen multitud de ejemplos y quizás, el más descollante sea el ideal igualitario que hoy ya se da por cierto en todo el Occidente. Lejos de suponer, como se pretende, una igualdad "ante la ley", el ideal igualitario hace de la igualdad un valor intrínsecamente positivo, capaz de polarizar a la sociedad entera en pos de la utopía. No hay nadie mejor ni peor y cualquier distinción hacia la excelencia es contemplada bajo el prisma del rencor social. Así, el hecho de que gente sin escrúpulos haya utilizado su falta de ética para encumbrarse hace sospechosa de entrada cualquier diferencia social. Por supuesto, la mismísima naturaleza no queda al margen del proyecto "emancipador" e igualitario y debe ser sometida mediante la técnica. De ahí, por ejemplo, el fundamento teórico que subyace a la moral sexual "progresista": el hombre debe "emanciparse" no solo del dominio de Dios sino también de la mismísima naturaleza. Para el ideal Ilustrado solo el hombre crea valores y gracias a la técnica puede decidir si tener o no tener hijos o si estos deben vivir y cuando.


Llevado al extremo este discurso -y no hay razón para no llevarlo- el hombre puede incluso decidir si desea ser hombre o mujer. De ahí que para los más "avanzados", el "cambio de sexo" se plantee como un "derecho", lo mismo que el aborto en todas sus formas, desde el troceamiento quirúrgico del niño o su envenamiento químico, hasta la célebre "píldora del día después". Naturalmente, la "emancipación" no se circunscribe a las limitaciones impuestas por la naturaleza -tales como la protección debida a los hijos o la determinación biológica del sexo- sino al orden natural mismo. Una expresión a menudo empleada por los economistas modernos -como los "recursos naturales"- evidencia que la modernidad entiende la naturaleza como un mero recurso a su servicio, como una herramienta más que debe ser preservada en favor del proyecto emancipador del presente y del futuro.


Esta, y no otra, es la razón por la que todos los "avances" de la modernidad se presentan bajo los ropajes del "derecho". Uno tiene "derecho" a abortar, a cambiar de sexo, a tener diecisiete amantes o a castrarse para no tener niños, puede tener "derecho" a la "educación" -signifique esto lo que signifique como sucede con las hijas del presidente- o al trabajo -aunque su actividad sea lesiva socialmente, como en el caso de la telebasura- o a "estar informado" -aunque Prisa, Almodóvar o Cuéntame produzcan todos los días toneladas de estiércol mental en nombre de la "libertad de expresión". Todos son "derechos", sencillamente, porque Dios, la idea central de la humanidad, está siendo expulsada de nuestras vidas bajo mil excusas. Pero esta cuestión ni es baladí ni está ausente de consecuencias aunque los "ateos de guardia" esgriman argumentos supuestamente eruditos pero ridículamente fundados en defensa de lo que no es sino una mera construcción ideológica "emancipatoria". El ateísmo no existe más que como anécdota entre los pueblos no occidentales y a nosotros nos corresponde el dudosísimo honor de haber elevado una anécdota histórica al nivel de piedra angular de nuestra civilización. No es una casualidad que la ideología más extrema en este sentido -el marxismo y sus derivados- haya sido la más cruel de la historia, con cientos de millones de muertos en su haber, aunque ahora se recicle en forma de "progresismo" o simplemente silenciando los desmanes con leyes de "memoria histórica". La razón es que su discordancia con la realidad del mundo y de los hombres es tan radical que ha hecho falta mucha sangre para intentar cuadrar realidad e ideología.


Sin Dios, extrémense un poco los "derechos" que cada uno puede exigir y nos encontraremos que todo aquello que concebimos intuitivamente como un comportamiento "bueno" o "civilizado" desaparece como por ensalmo. La idea de Dios resulta fundamental para anclar cualquier "derecho" porque en el fondo todo "derecho" no es otra cosa que una exigencia a un tercero. De ahí que por la geografía de este Occidente enfermo proliferen las manifestaciones reclamando "derechos" no concedidos contra terceros que no ceden a tales exigencias, una actitud que cuadra perfectamente con el individualismo patológico del liberalismo, si bien muchas de esas exigencias puedan estar justificadas.


Para curar tanto dislate, mucho mejor sería considerar en vez de una sociedad de derechos una sociedad de deberes. La ventaja de los deberes es que el deber recae sobre uno mismo antes que sobre cualquier otro. El deber impele a uno a cumplir con una red de obligaciones en las que está inserto, en vez de ir exigiendo al de al lado lo que uno mismo decide que otro "debe" cumplir. Así, por ejemplo, un niño no tiene derecho a tener un buen padre sino que el deber del padre es ser efectivamente bueno, como el deber del patrón es ser justo con sus trabajadores y el deber del trabajador es ser diligente y honesto.


De modo análogo, la idea de "deber" transforma a la Naturaleza en interlocutora y no en una entidad explotada al servicio de nuestro supuesto "derecho" a la emancipación. Uno tiene el deber de comprender que la Naturaleza no es cualquier cosa, algo que es un mero "recurso" para que la máquina de producción capitalista produzca mayores beneficios. Sentada esta referencia, la relación de hombre y Naturaleza cambia automáticamente cuando el hombre siente que debe proteger la Naturaleza que es don de Dios.


Sin embargo, tampoco los deberes son comprensibles sin el anclaje fundamental en lo divino. La idea kantiana del imperativo categórico ha sido quizás el intento más serio en este sentido. Kant creía que cualquier comportamiento que no pudiera ser elevado a legislación universal jamás podría ser considerado norma social. Por desgracia para él, el tiempo no le ha dado la razón. Según Kant, si todos mintieran desaparecería el mismo hecho del decir e incluso de la comunicación entre personas. Pero en la época de la manipulación de masas, de la "prensa rosa" y de la "educación para la ciudadanía", Kant sirve de poco cuando son millones los que hacen de la mentira una "legislación universal".


¿Qué nos queda entonces? Hay poca elección. Entre los "derechos" que justifican y fundamentan genocidios y los deberes puros, cuya vaciedad sirve de poco ante el embate del nihilismo generalizado, solo el deber para con Dios puede fundamentar el hacer y el comportamiento de los hombres. ¿Cómo implementarlo? Pues es quizás lo más sencillo de todo porque al exigirse primero que a nadie a nosotros mismos, cada uno puede empezar dando un vuelco a su propia vida y exigiéndose a cada uno lo que el soplo del Espíritu lleva siglos exigiendo a los hombres. Un hombre así renovado contempla un mundo de deberes para con todo lo que le rodea -sus padres, su país, el mundo, sus hijos- y para con todos busca dar lo mejor de sí mismo. El resto no es sino decadencia y corrupción intelectual, que es la que está en el origen mismo de todas las demás corrupciones.


El Mañana Nos Pertenece

En Nombre de su Majestad España, Una, Soberana y Universal


Por Manuel Morillo

www.diarioya.es

"El gran problema es el de la constitución nacional y de si una nación hecha por la Historia es una mera sociedad mercantil que se puede rescindir a petición de una parte, o es un organismo".

( El Sol. 13-05-1931)

Queremos hablar "en nombre de su Majestad España, una, soberana y universal" (1) porque lamentablemente la historia se repite y siguen teniendo vigencia las denuncias de Unamuno.

Cerezo recoge como Unamuno se queja de la mitificación de la república, del fomento de una nueva superstición y magía que se hace a su costa, de la imposición de los definidores de los nuevos dogmas políticos de la mueva religión del neorepublicanismo español (2), de la que augura que muy pronto tendrá sus pontífices y hasta su inquisición (refiriéndose a la Ley de Defensa de la República, que Unamuno considera como una ley de Excepción, superflua y provocativa, y contra la que se rebela). Para Unamuno todo esto no es mas que beatería republicana.

Para él Monarquía y República son formas de gobierno que no son consustanciales con España "porque ha habido y aún hay muchos reyes y muchas repúblicas; pero no ha habido ni hay más que una sola España"(3).

Unamuno, si resucitara, podría sentir entristecido como se produce ahora la misma mitificación pseudoreligiosa, que el denunciaba, respecto el actual sistema vigente:

Así, las hechos son buenos o malos en función de si "asientan nuestro sistema". Las bandas terroristas son asesinas no por los españoles que matan o mutilan sino porque atentan contra el sistema político. La justicia o la legislación se desarrolla positiva o negativamente en función, no si proporciona mayor o menor bienestar al pueblo español, sino de si conserva o no estable el sistema, ...

El sistema es el nuevo mito que hay que conservar y servir, sin importar sus consecuencias en la nación y las personas que viven en ella.

Para Unamuno solo España merecía a sus ojos la dignidad de un mito, la España ideal -"eterna e infinita"(4), "universal y eterna"(5).

Cuando en su época, como ocurre ahora, nadie se atreve a hablar del bien común único e integral para España y el pueblo español, Unamuno clama por la unidad (que no uniformidad) cultural y política de España:

"¿Qué de eso no se puede hablar? ¿Qué herimos sentimientos? Hay que herir sentimientos para despertar sentidos. Hay que herir el sentimiento -resentimiento más bien- de la particularidad para despertar el sentido de la universalidad. Y ahora que los pedagogos empiezan a hablar tanto de la escuela única, hay que hablar de la patria única. De la patria única española. Española universal."(6).

Para Unamuno el resentimiento es la pasión que segrega el alma, negando todo el valor que no puede reconocer como propio. Es, pues, gemelo de la envidia, en que había puesto Unamuno una de las claves bíblicas de la historia trágica del hombre, y desde luego, la clave de la tragicomedia de España. En el resentido opera una voluntad de "venganza y desquite" una recorosa voluntad de negación.

El resentimiento, con sus secuelas de intransigencia, fanatismo y odio había ganado la partida. Y resentimiento era para Unamuno todo en aquella hora de España: la agitación antirreligiosa, la agitación social, las revindicaciones de los nacionalismos y la lucha de clases y el materialismo historico con su "sentimiento purulento" de la vida (7).

¿No suena todo esto muy actual? ¿No suena a resentimiento muchas de las políticas que sufrimos?. Un resentimiento que fundamentalmente se proyecta legislando y socializando contra el Orden Natural, que se quiere eliminar de la conciencia colectiva, privando incluso del conocimiento de su existencia a los jóvenes.

Y si parar defenderse contra esta política suicida para el espíritu del pueblo hay que herir sentimientos para despertar sentidos como Unamuno invitaba, pues afrontemoslo porque "no hay derecho al suicidio" (8) político colectivo de un pueblo y es responsabilidad de todos evitarlo, sin escudarnos en falsas tolerancias y consensos que encubren cobardías humanas, que muchas veces nos atenazan.

Si, "todo nuestro mal es la cobardía moral, la falta de arranque para afirmar cada uno su verdad, su fe, y defenderla. La mentira envuelve y agarrota las almas de esta casta de borregos modorros, estúpidos por opilación de sensatez"(9)

(1)(OC, IX, 399)
(2) (El Sol. 04-06-1931)
(3)(OC, VII, 1082)
(4)(OC, I, 579)
(5)(OC, IX, 444)
(6)(El Sol, 26-08-1931)
(7)(OC, VII, 1084)
(8)(OC, III, 1359)
(9)(OC, III, 141)
O.C. : Obras Completas. (Madrid. Escelicer, 1966, en nueve volúmenes).


Apología al Pueblo de Honduras

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Por Víctor R. Azuaje

Tú también ¡Oh mi patria!te alzaste
de tu sueño servil y profundo;
tú también enseñastes al mundo
destrozado el infame eslabón.

Himno de Honduras


República de Honduras, Libre, Soberana e Independiente, reza así el escudo de dicho país y, gracias al valor de su pueblo, Fuerzas Armadas y todas sus instituciones hoy Honduras puede enseñar una vez más los eslabones de la cadena con cual pretendieron atarle; rotos y destrozados frente a los ojos de un mundo cobarde e hipócrita, que se regodea alabando la libertad, pero cuando un pueblo se alza con viril actuar y heroico afán para recobrar la libertad que le arrebataban, ese mismo mundo se rasga las vestiduras gritando y amenazando, cercando y bloqueando a un pueblo que por mas amenazas nunca se rendirá.

“El declive del coraje es irónicamente enfatizado en las ocasionales explosiones de enfado e inflexibilidad por parte de los burócratas cuando deben tratar con gobiernos o países débiles a los que nadie apoya, o con corrientes que no pueden ofrecer ninguna resistencia. Pero a estos mismos se les come la lengua el gato y se quedan paralizados cuando tienen que lidiar con gobiernos poderosos y fuerzas amenazantes, con agresores y terroristas internacionales.” Ya Solzhenitsin lo había precisado, así actúa la ONU, muy poderosa cuando se trata de atacar pequeños países o grupos que ningún poder de respuesta podrían tener, pero cobardes y terriblemente inoperantes cuando se trata de naciones poderosas. Esto lo señalábamos antes y letra por letra se cumple hoy en día; cuando ese monstruo burocrático inservible que es la ONU sigue atacando violentamente a una nación que por cumplir con el deber histórico de alzarse para continuar siendo Libre y Soberana hoy es criminalizada.

Es esa misma ONU valiente cuando se trata de atacar una nación pequeña como Hondura, la que calla frente a un terrorista internacional como Hugo Chavez, es esa valiente ONU la que calla cuando en Venezuela se encarcela a un joven de 23 años por protestar o cuando se trata dos veces de matar a otro joven de la misma edad y por la misma razón, cuando venezolanos se ven obligados a dejar su país por la persecución política, calla cuando se tortura en las mazmorras de la policía política, calla cuando todos los poderes son absorvidos por los tentáculos del tirano, calla cuando se viola la constitución de Venezuela, calla cuando con dinero de una nación se financia grupos terroristas internacionales y cuando se interviene en políticas de otros países como lo viene haciendo Hugo Chavez gracias a el dinero que le roba a nuestra nación, calla frente a la infamia, como buenos cobardes que son.

Pero los cobardes deben entender que los valientes no se rinden frente al miedo y la amenaza, Honduras es un pueblo valiente que no puede ser doblegado, quizás equiparable es la situación actual de esa nación a la que vivió Hungría en 1956 cuando se libero heroicamente de la bota Soviética por 12 días, durante los cuales esperando recibir el apoyo de las naciones “democráticas” solo recibió criticas de parte de los cobardes y así sintiéndose libre y poderosa la Unión Soviética cometió impunemente una masacre contra ese pueblo en su reocupación.

Hoy Honduras es ejemplo de dignidad y sabemos que se mantendrá firme y erguida frente a la infamia de los cobardes, ese pueblo es ejemplo y solo podrá ser sometido con la violencia que los criminales son capaces de desatar, con ese odio que albergan en sus entrañas hacia toda libertad humana. El Himno de mi patria Venezuela, llama a seguir el ejemplo que Caracas dio, hoy ya esto no es mas valido, hoy el único ejemplo digno de ser seguido es el de Tegucigalpa, allá en aquella pequeña pero digna nación.

Si escribo estas lineas, es para pedir perdón a esa nación que hoy el criminal que tiraniza mi patria pretende doblegar a través de tu títere Zelaya, sepan ustedes valiente pueblo Hondureño que Venezuela un día también sera digna de ser ejemplo otra vez, ninguna tiranía dura lo suficiente para matar el deseo de libertad en cada hombre y mientras uno solo tenga la fuerza de resistir sera una luz que guiara a otros, hoy ustedes son esa luz y no podrá ser apagada y si tratan de hacerlo, estamos seguros que una vez mas con orgullo y soberbia entonaran su himno nacional;

Por guardar ese emblema divino
marcharemos¡Oh patria!a la muerte;
generosa será nuestra suerte
si morimos pensando en tu amor.
Defendiendo tu santa bandera,
y en tus pliegues gloriosos cubiertos,
serán muchos, Honduras, tus muertos,
pero todos caerán con honor.

Para Alucinar

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Con esta pinta posaban las hijas de ZP con el presidente afromusulmán Barak Hussein Obama en la Casa Blanca.

La foto no necesita más comentarios.


¿Es este el futuro que quiere zapatero para España? ¿Unas hijas que se presentan como sacadas de una misa negra en la casa donde reside el hombre más poderoso - dicen - del mundo?
Mejor nos lo tomamos a cachondeo.


La Crisis Explicada a Sus Víctimas


Autor: Carlos Salas.

Editorial: Áltera.

Sinopsis:

Hace un año, conocidos políticos aseguraban que España estaba a salvo de la crisis financiera y que se alcanzaría el pleno empleo. Ahora, los bancos no dan créditos ni a otros bancos; el número de parados en el INEM se acerca a los cuatro millones; y los precios bajan porque los clientes no entran en las tiendas. ¿Cómo ha sucedido esta catástrofe?, ¿dónde nació la crisis?, ¿por qué nadie la vio venir… o se atrevió a contarlo?, ¿cómo se puede salir de ella?

Si la crisis se ha contagiado como una enfermedad, la primera medida para salir de ella es un diagnóstico acertado. En La crisis explicada a sus víctimas, el periodista Carlos Salas, investiga las raíces de la crisis, en las célebres hipotecas subprime, en el crédito desaforado, en la burbuja inmobiliaria. Y llega a la conclusión de que el principal responsable del cataclismo es la codicia que, como una enfermedad, contagió a todas las clases sociales, desde quienes entregaban sus fortunas al estafador George Madoff a los que compraban pisos en Seseña al Pocero para revenderlos.

Escrito con el estilo propio de un reportero, La crisis explicada a sus víctimas ofrece explicaciones sorprendentes sobre asuntos que tienen un impacto diario en nuestra vida: por qué tarda tanto en bajar la gasolina, cómo se forman los precios, quién calcula el Euríbor…

Un manual práctico para comprender lo que nadie logra explicar.

Carlos Salas (Caracas, 1956) escribe una columna desenfadada sobre economía en el suplemento «Mercados» que aparece los domingos en El Mundo. Ha sido redactor-jefe de las secciones de Economía y de Internacional en El Mundo. También ha dirigido la revista Capital y los diarios El Economista y Metro. Ha colaborado en Muy Interesante, El Semanal Digital, ABC, y el Grupo Intereconomía. Actualmente imparte cursos de comunicación y periodismo en escuelas de negocios, universidades y empresas, y colabora con elmanifiesto.com. Es autor de Manual para escribir como un periodista, de esta misma editorial.

Cosas que Pasan

La Gesta Española: Léalo Antes de que lo Quemen

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El Manifiesto.com

Uno creería que en una época en la que se puede despotricar contra la identidad colectiva y en la que hasta se utilizan cadáveres para hacer exposiciones (dicen que de "arte"), nadie se escandalizaría por un libro de historia. Pero no es así. El Partido Andalucista ha exigido en Los Molinos (Sevilla) que el Ayuntamiento impida a los niños que lo abran y lo lean, no sea que les entren en la cabeza ideas distintas a las del botellón del fin de semana y la Playstation.

La gesta española (siete ediciones) ha sido uno de los grandes éxitos de Ediciones Áltera. Su autor, José Javier Esparza, recopiló los programas dedicados a explicar la Historia de España en el programa de la COPE La tarde con Cristina durante la temporada 2006-2007. En él se describen distintos momentos fundacionales de nuestra historia, desde la época romana hasta la Guerra de la Independencia, así como figuras de la talla de Pelayo, los Reyes Católicos, Hernán Cortés y Agustina de Aragón.

El libro fue recomendado a los alumnos de Primaria del colegio Juan José Baquero de Los Palacios, al igual que en otros centros escolares. Pero el 11 de septiembre, el colegio se topó con una orden de censura. El concejal de Cultura del Ayuntamiento se fue al centro para comunicar formalmente una moción urgente que instaba a la concejalía de Educación a prohibir a los alumnos que leyesen el libro.

La moción la habían presentado los concejales del Partido Andalucista y fue rechazada por el pleno de la Corporación. Según el portavoz de los nacionalistas, Pedro Amalio Moguer, el libro es “aberrante”. “Esperemos que no presenten otra moción para llevar a la hoguera al libro, a su autor y a los que lo pudieran recomendar”, comentó un profesor del centro.

José Javier Esparza

El origen árabe de los andaluces: mentira política

¿Por qué el Partido Andalucista considera aberrante el libro de José Javier Esparza? La clave se encuentra en el filoislamismo del nacionalismo andaluz, de acuerdo con las teorías absurdas y antihistóricas pergeñadas por el notario Blas Infante, según las cuales los andaluces descienden de los árabes y son genética y culturalmente distintos de los castellanos invasores. Los andalucistas han decidido identificarse con el califato de Córdoba y la España musulmana como origen de la identidad andaluza. El PSOE, Izquierda Unida y, por tanto, la Junta de Andalucía practican el arabismo como doctrina oficial, aunque de manera más matizada. La gesta española desmonta, de manera tan sencilla como rotunda, el mito de Al-Ándalus (la convivencia entre las tres religiones, la superioridad cultural de los musulmanes…) y por eso es un libro que debe prohibirse a los jóvenes andaluces.

No es éste el primer libro del catálogo de Áltera que sufre las iras de la casta política. Hace cinco años, el nacionalismo vasco arremetió contra el Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, de Pedro Fernández Barbadillo.

¡Léalos antes de que los censores los quemen!

¿Por Qué ya Casi no hay ni Poetas ni Guerreros?


Por Juan Pablo Vitali

www.elmanifiesto.com

A los niños de fuego y de ceniza,
A las ciudades arrasadas desde el aire.

La poesía y la guerra nacieron juntas. Cuando el hombre tantea la muerte, siente indefectiblemente la necesidad de vincularse a algo más elevado que él mismo, superándola. Los pueblos indoeuropeos nos han dejado extensos testimonios de ese intento. El Bhagavad Gita, la Ilíada, las Sagas, el Ciclo del Grial, los Cantares de Gesta. Todo forma parte de un intento de superación de la muerte mediante símbolos estéticos, que son también símbolos sagrados.

En el instante extremo del combate es muy poco lo que puede considerarse esencial. Los antepasados y los dioses se convierten entonces en parte del guerrero. Viven ya en un mismo mundo, definitivamente, aunque el guerrero se mantenga todavía con vida.

Por eso van juntas la poesía y la guerra, porque los valores del último instante son de algún modo absolutos, y porque la muerte material debe ser superada por un alma inmortal que se lo ha ganado en la batalla.

No hay nada más poético que la muerte de un guerrero. Esa muerte implica un cambio en el universo mismo, en la sucesión de la sangre, en la comunidad que lo ha engendrado y seguramente también en los mundos invisibles donde viven los guerreros que lo han precedido.

No hay guerra sin poesía. La muerte convierte al caído, ipso facto, en un superhombre. No importa que un poeta no cante esa muerte en particular. Podría decirse que no hay muertes particulares cuando se ha ingresado como ciudadano en esa república aristocrática de la muerte con honor.

Existe, sin duda, una gloria común a todos los leales. Y dos veces benditos son los que además de pelear sinceramente, lo hacen por una causa justa. Los sinceramente equivocados tendrán también su paraíso, pero los sinceros de justas causas se elevarán sin duda a la categoría de semidioses.

En la entrega de la sangre está seguramente la estética absoluta de un espíritu poético, porque la sensibilidad del poeta y del guerrero son similares. Sólo es diferente su forma de atravesar la realidad, en un viaje hacia una realidad superior y pura, luminosa y fatal. Sobrehumana, en el sentido nietzscheano.

A medida que la edad oscura avanza, resulta más extraño encontrar una expresión o una acción heroica. Ya casi no hay poetas ni guerreros. Se han convertido en parte de una realidad extemporánea. Los hombres de esta época se mueren de forma intrascendente.

La degradación torna difícil la poesía, que desaparece como va desapareciendo la guerra en el sentido antiguo. Muy pocos hombres comprenden hoy el sentido primordial y sagrado de la poesía y de la guerra.

Algún día, pasados milenios de milenios, ese sentido sacro de las cosas volverá, para expresarse nuevamente en su real dimensión. Mientras tanto, siempre hay un pequeño espacio y un breve instante donde la estética y el pensamiento atraviesan la oscuridad. Es un punto a veces mínimo, pero a través de él podemos atravesar la eternidad, como nuestras abuelas enhebraban el hilo de coser en una aguja.